«Que
mi canto sea simple
como el despertar en la mañana,
como el goteo del rocío en las hojas,
simple como los colores de las nubes
y los aguaceros a medianoche.»
Rabindranath Tagore
Durante estos diez años de travesía, con
las canciones y los poemas, he ido encontrando caminos
de piedra, de polvo, de flores, caminos de agua, caminos
de tierra, caminos casi invisibles, en los que fácilmente
me perdía...
Bella Terra es el fruto de un largo proceso de búsqueda
y maduración que empezó en casa, donde,
con unos amigos, cantando y tocando, despertó
esta búsqueda de un sonido y de unas palabras,
de la voz y del arpa, de una libertad y de un ritmo,
y, sobre todo, de la pasión por las pequeñas
cosas del día a día, sencillas pero esenciales.
A través del poeta catalán Miquel Martí
i Pol conocí un mundo muy próximo, del
que él habla con mucho amor y también
con dolor, pero ante todo lleno de deseo de vivir el
momento, el día a día, de conocer el secreto
de las cosas visibles e invisibles, y de amarlas plenamente
tal y como son.
Bella Terra es una recopilación de poemas diversos
que he ido musicalizando durante estos años,
y que responde al deseo de una tierra más luminosa,
más amorosa y misteriosa, mediterránea
y abierta, donde se encuentran toda la música
que he ido sintiendo y mis años de formación,
uniendo el arpa y la voz en un solo instrumento.
Los doce poemas de Bella Terra se unen mediante un
hilo sutil que los lleva hacia una misma vivencia, que
es el instante vivido ahora y aquí, la ternura
y la pasión del amor, la inocencia casi perdida
del adulto-niño, la fuerza poderosa y evocadora
del mar y los sueños «más allá
de una profunda noche sin voces» (Salvador Espriu)
que van a parar al misterio y a la incertidumbre de
la vida.
Un sentimiento de nostalgia acompaña sutilmente
el canto al amor, a los enamorados, a los eternos viajeros
como “El mariner”, “El viaje”
(dedicado a mi padre), y también el canto a la
mirada y a quien es mirado (“Els ulls”,
dedicado a mi madre) y al final de este viaje, la misteriosa
noche nos lleva hacia un remolino en el que «existen
la vida y la muerte inmutables. El resto son palabras»
(Miquel Martí i Pol).
La tradición de cantar y de acompañarse
con el arpa, que aún se conserva en Irlanda y
en algún país de Suramérica, se
ha perdido en el resto de Europa, si bien hasta el Barroco
fue una práctica muy apreciada y vigente. Y,
en cierto modo, he querido realizar este sueño
(aunque no soy la primera) de combinar la voz con el
arpa –sonidos complementarios y opuestos a la
vez, pero que se funden en un mismo respiro y en un
mismo gesto– y en el que he tenido el privilegio
de estar acompañada por unos músicos,
compañeros míos de hace muchos años,
de gran refinamiento y generosidad. Bella Terra, que
también es mi pueblo, es la ilusión de
una tierra más equilibrada, en la que el hombre
y la mujer descubren como «un instante divide
lo cierto de lo incierto, disfruta de este instante,
y tenlo en mucho aprecio, que el total de la vida suma
lo que este instante» (Omar Jayyam).
Arianna Savall
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